
Banjo-Tooie propone una mecánica muy similar a la de su precuela: explorar, rebuscar, recorrer, volar, pensar y usar, absolutamente todo lo que ves en la pantalla, para posteriormente hacerte con una pieza de puzzle y facilitarte el salto al siguiente mundo.
Todo ello, además, sumido en una trama tanto o más banal que la de su antecesor, y con un plantel de personajes que hará palidecer de envidia a los cuatro escasos que aparecían en la primera entrega.







